jueves, 31 de mayo de 2012


OLLANTA HUMALA  

¿RETROCEDER  O  RENDIRSE?



Llegar al poder teniendo socios y no amigos es el dilema de todo gobernante, especialmente cuando Ollanta Humala sello un pacto con la izquierda tradicional peruana, aceptando un riesgo que el mismo no considero trascendente, considerando la naturaleza de sus orígenes familiares muy apegados a ideologías de izquierda, como si siguiéramos en el siglo pasado con principios que ya quedaron en la historia con la caída del comunismo.

Para no perder su representatividad ideológica, ahora estos movimientos con todo el tinte subversivo,  desean volver a resurgir pero para ello necesitan destruir la estabilidad democrática, mediante la incesante actitud de agitación popular, incentivando el resentimiento, tomando como armas  primeramente las fallas en el orden democrático.

Ollanta está en la encrucijada de gobernar bajo el chantaje o rebelarse para no ser el títere de sus socios izquierdistas  en quienes más prima el progreso de su ideología, que el desarrollo de nuestra nación.

Un sinnúmero de huelgas, marchas, paros, levantamientos, agitación, violencia, ha generado ya bastantes heridos y muertos en el haber del gobierno de Ollanta, no obstante hay que reconocer un trasfondo de hilos misteriosos dedicados a complicarle la vida , no importa a cuantos peruanos puedan afectar, porque los verdaderos gestores de este clima de insurrección jamás se verán perjudicados, para ellos  no importa la pobreza y tragedia  de cientos de pobladores,  lo que interesa es demostrarle a Ollanta su poder para hacer de nuestro presidente un títere mas.

El enemigo no.1 de los subversivos y radicales en los años 90 fue Alberto Fujimori, aun ahora estando preso no puede librarse de todo el odio que prima en los seguidores de la ideología izquierdista, sin embargo por fortuna de la gran mayoría de peruanos, la personalidad de Fujimori permitió hacer lo que tenía que hacer, en el momento correcto, aun a expensas de críticas, sanciones o chantajes, Fujimori no retrocedió ni se rindió ante una clase política que miraba sin misericordia el correr de la sangre de peruanos indefensos, así como la destrucción de toda entidad democrática en el asesinato de autoridades y miembros de los poderes del estado.

Fujimori  aun con los defectos que todo ser humano puede guardar, tuvo el coraje de enfrentar lo que otros demócratas cobardemente no se atrevieron, pues en ellos mas pesaba no perder sus beneficios personales económicos o el poder que este le brindaba.

Ollanta tiene un gran problema de gobernabilidad, pese a su naturaleza  castrense, no puede encontrar la solución a los problemas que astutamente reservaron Toledo y Alan García para él, en especial cuando tiene a un  Diez Canseco recordándole su pacto con los movimientos de izquierda y a un Toledo con la eterna presencia capitalista de USA., una combinación bastante contradictoria e imposible de conciliar, dándole a su gobernabilidad  un pronóstico bastante deplorable.

Pero no todo puede ser eterno, Ollanta no puede estar con Dios y con el diablo, es necesario en forma urgente marcar posiciones,  y la mejor opción es la de enrumbarse dejando de lado los pactos, siguiendo su verdadero deber como presidente  cumpliendo su compromiso con todos los peruanos, en este caso su hoja de ruta debe ser guiada teniendo en cuenta  el desarrollo nacional, en manos de profesionales competentes.

Para esto Ollanta necesita despercudir su brillo militar arriesgándose a tomar decisiones drásticas, separando los elementos no necesarios , eligiendo a personas sin mirar su identidad partidaria, es decir , el Perú requiere de Ollanta un presidente sin temor, ni sometido al chantaje de su propia bancada.

El ministro Valdez tiene una posición fija, faltándole personas que ayuden a generar un adecuado clima para la negociación,  es injusto atribuirle en  su persona todas las deficiencias de este conglomerado de crisis en las regiones.

Coraje, decisión, astucia inteligencia son los atributos necesarios en Ollanta  para terminar con toda la mala leche derramándose a su alrededor.

Sin embargo el riesgo es grande  pero Ollanta no puede seguir pasivamente, por el bien de todos los peruanos y del mismo Ollanta, no puede esperar más, a no ser que prefiera marcar indiferencia ante la sangre de heridos y muertos, acumulándose en su cuenta de gobernabilidad.

Sofía F.

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