OLLANTA
HUMALA
¿RETROCEDER
O RENDIRSE?
Llegar al
poder teniendo socios y no amigos es el dilema de todo gobernante,
especialmente cuando Ollanta Humala sello un pacto con la izquierda tradicional
peruana, aceptando un riesgo que el mismo no considero trascendente,
considerando la naturaleza de sus orígenes familiares muy apegados a ideologías
de izquierda, como si siguiéramos en el siglo pasado con principios que ya
quedaron en la historia con la caída del comunismo.
Para no
perder su representatividad ideológica, ahora estos movimientos con todo el
tinte subversivo, desean volver a
resurgir pero para ello necesitan destruir la estabilidad democrática, mediante
la incesante actitud de agitación popular, incentivando el resentimiento,
tomando como armas primeramente las
fallas en el orden democrático.
Ollanta
está en la encrucijada de gobernar bajo el chantaje o rebelarse para no ser el
títere de sus socios izquierdistas en
quienes más prima el progreso de su ideología, que el desarrollo de nuestra nación.
Un
sinnúmero de huelgas, marchas, paros, levantamientos, agitación, violencia, ha
generado ya bastantes heridos y muertos en el haber del gobierno de Ollanta, no
obstante hay que reconocer un trasfondo de hilos misteriosos dedicados a
complicarle la vida , no importa a cuantos peruanos puedan afectar, porque los
verdaderos gestores de este clima de insurrección jamás se verán perjudicados,
para ellos no importa la pobreza y
tragedia de cientos de pobladores, lo que interesa es demostrarle a Ollanta su
poder para hacer de nuestro presidente un títere mas.
El enemigo
no.1 de los subversivos y radicales en los años 90 fue Alberto Fujimori, aun ahora
estando preso no puede librarse de todo el odio que prima en los seguidores de
la ideología izquierdista, sin embargo por fortuna de la gran mayoría de
peruanos, la personalidad de Fujimori permitió hacer lo que tenía que hacer, en
el momento correcto, aun a expensas de críticas, sanciones o chantajes,
Fujimori no retrocedió ni se rindió ante una clase política que miraba sin
misericordia el correr de la sangre de peruanos indefensos, así como la
destrucción de toda entidad democrática en el asesinato de autoridades y
miembros de los poderes del estado.
Fujimori aun con los defectos que todo ser humano
puede guardar, tuvo el coraje de enfrentar lo que otros demócratas cobardemente
no se atrevieron, pues en ellos mas pesaba no perder sus beneficios personales
económicos o el poder que este le brindaba.
Ollanta
tiene un gran problema de gobernabilidad, pese a su naturaleza castrense, no puede encontrar la solución a
los problemas que astutamente reservaron Toledo y Alan García para él, en
especial cuando tiene a un Diez Canseco
recordándole su pacto con los movimientos de izquierda y a un Toledo con la
eterna presencia capitalista de USA., una combinación bastante contradictoria e
imposible de conciliar, dándole a su gobernabilidad un pronóstico bastante deplorable.
Pero no
todo puede ser eterno, Ollanta no puede estar con Dios y con el diablo, es
necesario en forma urgente marcar posiciones,
y la mejor opción es la de enrumbarse dejando de lado los pactos,
siguiendo su verdadero deber como presidente
cumpliendo su compromiso con todos los peruanos, en este caso su hoja de
ruta debe ser guiada teniendo en cuenta
el desarrollo nacional, en manos de profesionales competentes.
Para esto
Ollanta necesita despercudir su brillo militar arriesgándose a tomar decisiones
drásticas, separando los elementos no necesarios , eligiendo a personas sin
mirar su identidad partidaria, es decir , el Perú requiere de Ollanta un
presidente sin temor, ni sometido al chantaje de su propia bancada.
El ministro
Valdez tiene una posición fija, faltándole personas que ayuden a generar un
adecuado clima para la negociación, es
injusto atribuirle en su persona todas
las deficiencias de este conglomerado de crisis en las regiones.
Coraje,
decisión, astucia inteligencia son los atributos necesarios en Ollanta para terminar con toda la mala leche
derramándose a su alrededor.
Sin embargo
el riesgo es grande pero Ollanta no
puede seguir pasivamente, por el bien de todos los peruanos y del mismo
Ollanta, no puede esperar más, a no ser que prefiera marcar indiferencia ante
la sangre de heridos y muertos, acumulándose en su cuenta de gobernabilidad.
Sofía F.
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