DUDAS,
GOLPES E INTROMISIONES
Por
Sofía Flores
Si buscáramos un sistema de gobierno perfecto,
no lo encontraríamos nunca, como todo lo creado por el hombre tiene sus
deficiencias e imperfecciones, pero podemos rescatar el más justo o el menos
dañino para la sociedad , entonces la democracia siempre será el sistema de
gobierno más aceptado para lograr una justa participación del pueblo en su
destino, poder del pueblo para el pueblo y por el pueblo palabras muy bonitas,
pero cada día se van perdiendo cuando vemos el ansia de poder mezclado con
falsedad e hipocresía.
Todo sería
distinto si el sistema democrático se aplicara en sociedades con principios muy
marcados y una educación que le permita al pueblo elegir a sus representantes
con sensatez, protegiéndose de la demagogia e inmoralidad de muchos políticos inmersos
en toda gobernabilidad, la realidad nos
muestra que mientras este tipo lacras existan, toda democracia está destinada a
fracasar, dándoles a los subversivos
mayor amplitud para llegar con facilidad a las mentes de nuestros jóvenes.
Conciliación,
tolerancia, honestidad, son verdades difíciles de practicar por nuestros políticos,
las vallas de la intolerancia son marcadas por el temor a perder privilegios
personales, por la cobardía en no reconocer la verdad, por el afán mezquino de poder,
si este poder se utilizara con justicia serviría para buscar una sola fuerza en
base al entendimiento y a la razón por el bien del país.
En el Perú no basto una época de terror para
reconocer las deficiencias democráticas de nuestros gobiernos, por el contrario
se buscó, menospreciar logros por la pacificación de del gobierno de Fujimori, quien
aunque resquebrajando principios democráticos, tuvo el valor para no ser
fariseo de la ley salvándonos y así forjar
un gobierno cuyos logros nos han permitido ser una de las economías más
estables a nivel mundial , no obstante aquellos políticos acostumbrados al
poder se encargaron en difamar humillar
y criticar escudándose en una moralidad democrática
que nunca tuvimos , obligándonos a
desechar y volver a recomenzar, políticos de quienes solo percibimos
enfrentamientos, coimas o negociados, vista así la democracia no sirve es un engaño por el cual perdemos
todos, pero el mayor perdedor es el pueblo
más necesitado, manteniéndolo tal como muchos políticos desean,
marginado e ignorado, lanzándole de vez en cuando algún bocado para
tranquilizar su conciencia.
La
democracia de Toledo fue mentir, abrir heridas, la reconciliación democrática fue
un rotundo fracaso, su único trabajo fue administrar los recursos de una economía
estable y emergente gracias a su antecesor Alberto Fujimori. La democracia de
Alan García fue primero olvidar el desastroso primer gobierno, gracias a la
falta de memoria de un pueblo con una educación deficiente que volvió a confiar,
un pueblo fácil de ganar por el poder locutorio de García, una democracia
cobarde esquivando los verdaderos problemas de la nación.
La
democracia de Ollanta tiene el sello cantinflesco de un socio cuya compañía ha traído
para su gobierno tener un poder sin dirección , un gobierno sin autoridad ni
poder de decisión, una democracia vacilante , entre el hacer y no hacer o hacer
lo que otros dicen , esta incertidumbre se refleja también en las personas a su
alrededor , cada quien busca explicar o justificar o salir del paso con más
cavilaciones , aquí lo trágico son los resultados, paralizando el desarrollo de
un país cuya economía hasta ahora se protegió de la severa crisis
internacional.
Ollanta podrá
seguir haciendo el figureti de una que otra obra de escaza envergadura, o
continuara escondiéndose tras la fachada de una esposa con su labor caritativa,
la gran transformación va esfumándose con sus dudas y temores, mientras el
avance del país no solo se estanca sino retrocede.
Esta falta
de gobernabilidad también es afectada por dos acontecimientos desagradables; un
simple incidente del embajador ecuatoriano quien no supo guardar la compostura
de su investidura lanzando golpes e insultos, nos demostró la calidad de
funcionarios diplomáticos enviado por el Ecuador , aquí el presidente Correa al
respaldarlo nos refregó en la cara su poder para defender a su gente sin mediar
estatus diplomático ni relaciones internacionales, ante lo bochornoso de este
asunto vemos a un presidente que respalda aunque ganándose también la crítica
por una mala acción, si esto hubiera
sucedido al revés es casi seguro que el gobierno peruano hubiera sacrificado a
su funcionario, bueno aquí primero se defiende lo extranjero al nacional.
Sin embargo
es necesario ver dos actitudes malas, la mujer iniciando el incidente y el otro
que lo desencadena, no veamos la naturaleza del rango, ni el hecho de ser mujer,
hombre, pobre o rico, las dos actitudes están mal, pero quien pierde más es el
señor embajador, algo controversial porque si él se hubiera retirado entre
insultos o golpes, bien habría podido iniciar y con justa razón una denuncia
por maltrato a un funcionario extranjero.
El otro
asunto mucho más delicado es el problema venezolano, donde el canciller
queriendo obrar con buenas intenciones llama a la tolerancia, sabiendo que en
este país impera una dictadura con faz democrática en la cual cualquier frase puede
ser interpretada como intromisión, en estos conflictos es preferible dejar al país
resolver sus problemas o dejarlos a instancias internacionales, bien hubiera
hecho el señor Roncagliolo cerrar la boca o esquivarse, considerando que
Ollanta tiene un compromiso moral con el chavismo reconociendo el gobierno de
Maduro al estar presente en la toma de mando.
Nuevamente
las cavilaciones e incertidumbres del gobierno de Ollanta tienen precio, peor aún
con una cancillería perjudicando las relaciones internacionales, para este tipo de trabajo el funcionario debe
guardar inteligencia, suspicacia y mucho criterio para manejar esta cartera con
pinzas cuidando los intereses nacionales
Ollanta
no puede seguir tras bambalinas, ni detrás
de su esposa, el pueblo lo eligió para gobernar, su deber es mostrar la orientación
de su gobierno, tomar acciones justas, demostrar que tiene el poder, aquel
poder dado por pueblo en las elecciones,
el país necesita un rumbo, un horizonte seguro antes de irnos al abismo
de la inseguridad, perdiendo lo tan apreciablemente ganado por la pacificación.